Soltar

Saber soltar (aunque no tenga final feliz)

October 27, 20253 min read

Hay cosas que una suelta porque ya no tiene opción.

Y hay otras que cuesta tanto soltar… que una se queda, incluso cuando ya no hay nada.

Nos enseñaron que soltar es rendirse.

Que si amas, tienes que quedarte.

Que si duele, es porque importa.

Que si no terminó bien, entonces fue un fracaso.

Pero eso no es cierto.

Te lo digo por experiencia.

Soltar no es rendirse. Es elegirse.

Soltar no siempre es alivio inmediato

A veces duele más que quedarse.

Porque quedarse… al menos es conocido.

Es esa cama que aunque esté rota, sabes dónde cruje.

Es ese vínculo que aunque no abrace, al menos responde.

Es esa versión de vos que ya no quieres ser… pero al menos sabes cómo actuar con ella.

Soltar, en cambio, es un vacío.

Y al principio, se siente como un hueco que no sabes con qué llenar.

A mí me pasó más de una vez.

Soltar una relación.

Soltar un sueño que me desgastaba.

Soltar la idea de cómo “debía” ser mi vida.

Y cada una de esas veces, sentí que algo en mí se moría.

Pero también es cierto esto…

Cada vez que solté, algo se abrió.

No de inmediato.

No sin miedo.

Pero se abrió.

Un espacio nuevo, en el que al principio solo había eco, pero con el tiempo…

empezó a entrar algo más:

  • Oxígeno.

  • Presencia.

  • Verdad.

Lo más difícil de soltar no es lo que se va…

…sino lo que imaginabas que podía ser.

Ese futuro que soñaste.

Ese gesto que esperabas.

Ese cierre que nunca llegó.

Esa versión de ti que ya no encaja pero que abrazas por inercia.

Soltar no es dejar de amar.

A veces, es amar tanto que ya no puedes seguir quedándote ahí sin traicionarte.

Entonces, ¿cómo se suelta?

No hay fórmulas.

Pero sí hay movimientos pequeños. Honestos.

Decir “no” sin explicar tanto.

Llorar sin justificarte.

Apagar el teléfono y no responder por unas horas.

Escribir una carta que no vas a enviar.

Nombrar en voz alta que ya no querés sostener eso.

Y, sobre todo: recordarte que no tenés que hacerlo perfecto.

Soltar también puede doler, y no por eso es una mala decisión.

Preguntas para abrirte espacio

  • ¿Qué estás sosteniendo solo porque no sabes cómo soltar?

  • ¿Qué estás callando para no desarmar lo que ya está frágil?

  • ¿Qué parte de vos necesita que le digas: ya está, puedes dejarlo ir?

Soltar no siempre tiene final feliz.

Pero quedarse… a veces, tampoco.

Y tu no viniste a esta vida para desaparecer en algo que no te sostiene.

Viniste a vivirte entera. A tu modo. A tu ritmo.

Y si para eso hay que soltar… entonces que duela, pero que te libere.

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