Madres agotadas

Tu cuerpo no se rindió: solo está pidiendo que vuelvas a escucharlo

November 10, 20252 min read

Hay un cansancio que no se quita durmiendo.

Un cansancio que no nace del cuerpo, sino del alma.

Y si eres madre, probablemente sabes de qué hablo.

Es ese agotamiento silencioso que aparece, aunque hayas dormido bien.

Aunque tu casa esté ordenada, los niños tranquilos y el día “salga bien”.

Aun así, algo en ti se siente pesado, lento, como si faltara algo esencial que ya no sabes nombrar.

Durante años te enseñaron a seguir.

A no quejarte, a ser fuerte, a sostenerlo todo.

A sonreír mientras preparas la cena, ayudas con los deberes, revisas correos y respondes mensajes de trabajo.

Y nadie, absolutamente nadie, sospecha que estás cansada… no solo de hacer, sino de ser la que siempre puede.

Pero tu cuerpo lo sabe.

Y tu cuerpo no miente.

Lo dice con ese dolor de cabeza que vuelve cada tarde.

Con el insomnio que aparece justo cuando podrías descansar.

Con ese nudo en la garganta que no se va, aunque digas “estoy bien”.

Tu cuerpo está intentando hablarte.

Y aunque a veces lo confundas con debilidad, en realidad es un acto de amor:

te está pidiendo que pares, que te mires, que te recuerdes.

Sé que da miedo parar.

Porque sientes que, si lo haces, todo se derrumba.

La casa, los niños, el trabajo, las rutinas.

Y, de alguna forma, sientes que tú misma también podrías derrumbarte.

Pero lo cierto es que ya estás sosteniendo demasiado.

Y nadie puede vivir mucho tiempo desconectada de su propia calma.

Pausar no es rendirse.

Pausar es volver a ti.

Es mirar el cansancio con ternura en lugar de esconderlo.

Es dejar de demostrar y empezar a habitarte.

Porque tu cuerpo no quiere que abandones a los demás.

Solo quiere que dejes de abandonarte a ti.

No necesitas escapar ni hacer grandes cambios.

A veces basta con cerrar los ojos unos minutos y preguntar:

¿Qué necesito hoy para sentirme viva?

Quizás la respuesta no sea productividad, sino descanso.

No sea silencio, sino un abrazo.

No sea hacer más, sino soltar lo que ya pesa demasiado.

Tu cuerpo lo sabe.

Y lo único que te pide es que vuelvas a escucharlo.

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